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sábado, 2 de julio de 2011

Donde las dan, las toman II (SGAE affaire)

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Sería fácil caer en el tópico del "se veía venir" o del "si es que tanto afán recaudatorio no podía ser para otros que no fueran ellos mismos", pero lo cierto es que reconozco que no tenía ni idea de la que tenían montada en la SGAE "San Juan" (Bautista) y sus amigos.

Lo cierto es que la cuchipandi parece que tenía montado un chiringito de empresas informáticas para desviar fondos de sus protegidos y nunca tan bien defendidos "creadores" hacia sus humildes cuentas bancarias. Parece que los defensores de los artistas, resulta que (presuntamente) les estaban robando...

Pero, claro, no vaya usted a comparar... un pequeño establecimiento que pone música de ambiente es un pirata que utiliza bienes ajenos sin permiso... pero falsificar facturas será algo como "estrategias empresariales". Acabaremos ahí, y si no, al tiempo...

Me pregunto qué pensarán ahora los insignes defensores de la SGAE. Todos esos artistillas, incapaces de llenar una sala de conciertos, pero que pretendían jubilarse y vivir toda su vida a base de éxitos pasados, puntuales en una gran parte. Qué pensarán quienes públicamente defendieron una sociedad y un modelo de gestión que durante muchos años fue la entidad más odiada del país (título recientemente perdido en favor de la ministra "orejones" Sinde).

Bueno, supongo que lo de enviar inspectores a bodas, bautizos y comuniones se terminará durante un tiempo. Entiendo que las denuncias contra webs se congelarán y que intentarán salir en los papeles lo menos posible. Ahora no les conviene...

Con un canon agonizante y la cúpula directiva de la SGAE en el punto de mira de la justicia, tal vez haya llegado del momento de que los que aún defendían el modelo de gestión de derechos anticuado e ineficaz se lo replanteen, y busquen formas alternativas de convivir con el nuevo modelo de negocio ya impuesto, basado en la comercialización (a un precio razonable) de bienes digitales. Otros, sin embargo, deberían replantearse ponerse a trabajar y dejar de intentar vivir del cuento...

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miércoles, 27 de abril de 2011

¿Se merecen los jueces nuestro respeto?

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Opino que todas las personas, en tanto que personas, merecen el respeto de sus semejantes... el respeto personal, claro. Pero otra cosa es el respeto profesional, reconocimiento al trabajo bien hecho, a la dedicación.

Antes de comenzar enfatizaré el hecho de que no soy, ni de lejos, experto o ni siquiera conocedor avanzado de los temas judiciales. No manejo la jerga ni conozco sus entresijos. De hecho, intento, como todos los ciudadanos de bien, mantenerme lo más apartado posible de abogados, jueces y similares. Encontraréis, por tanto, incorrecciones en este post, por lo que quiero recordar una vez más que no se trata de una exposición técnica o experta, sino simplemente el reflejo de lo que los ciudadanos de a pie vemos en ese gran ente llamado "justicia".

Con los jueces ocurre que oímos continuamente a periodistas, a políticos (en general, personas que no se distinguen precisamente por su respetuosa forma de ser) que hay que respetar las decisiones judiciales... nos  gusten o no, debemos respetarlas aunque no las compartamos. Y yo me pregunto ¿por qué?

¿Acaso son los jueces/zas seres inhumanos, por encima del bien y del mal? ¿Acaso son infalibles? ¿Acaso nos demuestran todos los días que son un ejemplo para nosotros? Yo creo que no...

Creo que casos como el reciente del etarra Troitiño, fugado por un error judicial, o la guerra interna en la que se ha visto envuelto Garzón, no son más que un ejemplo de jueces incompetentes, empecinados en interpretaciones de la ley alejadas de la realidad social (del vulgo para ellos). Delincuentes reincidentes porque a algún juez se le olvida tramitar la orden pertinente, interpretaciones legales totalmente injustas (o igual debo decir "inadecuadas") y fuera de la ley son el pan nuestro de cada telediario.

Por supuesto, habrá un alto porcentaje de jueces competentes y dedicados a su trabajo, una mayoría silenciosa. Pero esa mayoría está pecando por no aislar o incluso castigar clara y públicamente a estos jueces díscolos o, simplemente, incompetentes. Apartar a las manzanas podridas del cesto debería ser interpretado como un acto de limpieza, de transparencia, y no como una auto agresión.

Y es que el corporativismo de este colectivo (sólo comparable al de los médicos) está reñido sólo con su evidente politización. Sólo debemos recordar el tiempo que algunos tribunales están en situación "alegal", con jueces con su período de servicio ya vencido, pero que no pueden ser renovados por falta de consenso entre los grupos políticos. La sensación que percibimos las personas de "a pie" es un claro incumplimiento de la Constitución, en aquello de la separación de poderes.

Pero cuando reciben críticas siempre acabamos en el mismo sitio: la justicia está saturada, la justicia es lenta, no tienen recursos... Y todos tenemos en la cabeza las pilas de papeles amontonadas por las esquinas de los juzgados. ¿Pero es que esta gente no conoce los portátiles? ¿Y los discos duros en red? ¿Y los certificados digitales? ¿Alguno se imagina una gran empresa de hoy en día en la que todo tenga que ser impreso y archivado en papel? ¿Por qué esta gente sigue empeñada en no salir de los años 50? Si aun siguen así no creo que puedan echarle la culpa a nadie que no sean ellos mismos: sus papeles no son más delicados o confidenciales que mi historial médico, y éste hace tiempo que está digitalizado... querer es poder, amigos jueces. Si se concentran en hacer más eficiente su gestión, serán necesarios menos recursos y por tanto podrán dar un mejor servicio a la sociedad que, no lo olviden, les paga.

Yo no confío en la justicia. Creo que todos los días conocemos casos, públicos o no, de injusticias cometidas en los tribunales. Creo que es un sumidero de dinero y de paciencia que no deberíamos continuar tolerando; también creo que ésta es, con diferencia, la administración pública más anticuada e ineficiente de todas cuantas tenemos que sufrir. Algún día tendremos que poner en su sitio a "sus señorías".


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martes, 2 de noviembre de 2010

Menos mi madre y mi hermana, todas putas

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El título me ha quedado duro, lo reconozco, pero creo que ilustra perfectamente el pensamiento de una parte, no necesariamente pequeña aunque sí minoritaria, de nuestra sociedad (hablo, claro de la “sociedad global”). Es ese pensamiento el que hace que se maltrate a mujeres todos los días, con cierta impunidad, o que haya lugares en el mundo donde se pueda condenar a muerte (por lapidación y con latigazos previos) a una mujer por adulterio.

En nuestro entorno más cercano (no quiero limitar a un país o región concreta), digamos “occidental”, este tipo de actitudes están socialmente desaprobadas… y aún así, seguimos viendo día a día cómo se maltrata a otras personas dentro del ámbito familiar. En España se optó por legislar incluyendo la discriminación positiva para penalizar especialmente los maltratos a mujeres por sus maridos. Sinceramente, soy muy partidario de la medida; me parece un parche para tapar la aparente incapacidad de nuestros legisladores y jueces para resolver la situación, ya que cualquier maltrato debería ser igualmente penalizado: maridos a mujeres sí, pero también padres a hijos y viceversa, mujeres a maridos, maridos a maridos, entre compañeros de clase, etc.

Mención aparte merece, por supuesto, la situación que viven las mujeres en la mayoría de los países árabes (no diré “musulmanes”, por no mezclar la religión con un problema, en mi opinión, exclusivamente social). La falta de libertades, la marginación, el maltrato, la humillación e incluso el asesinato de cualquier ser humano siempre es denunciable, pero cuando, encima, se produce con la connivencia de gran parte de alguna sociedad, entonces cambia de nivel… se convierte en maltrato institucional, en crimen de estado.

Y seguro que aparece algún descerebrado reclamando respeto porque considera que este tipo de acciones forman parte de alguna “cultura”. Pues yo digo que no lo respetemos… esa cultura merece ser extinguida, como en su día lo fueron los dinosaurios.

Acabo de volver a ver una película de hace algunos años, llamada “El otro lado de la cama”, donde el personaje interpretado por Alberto San Juan borda esa actitud cutre-machista heredada de la más rancia sociedad española de hace cincuenta años (hay un par de monólogos realmente jugosos que lo ilustran). En el contexto de la película hace cierta gracia, pero no debemos olvidar que el director ha reflejado una actitud aún vigente, en personas que se creen superiores a los demás (mujeres, inmigrantes, extranjeros, diferentes en general). Es a este tipo de personas a quienes tenemos que cambiar entre todos, con educación y tolerancia cero, para conseguir implantar definitivamente el respeto mútuo como valor social más importante… a partir de ahí, vendrá lo demás.

Respeto, ya.

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lunes, 27 de septiembre de 2010

Huelga, huelga, huelga, huelga general...

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A pesar de que todos los sondeos, encuestas y demás oráculos predicen un escaso seguimiento de la huelga general convocada para el próximo miércoles, creo que tenemos sobrados motivos para apoyarla. Así que pasado mañana este blog estará con la huelga...
  • Por los parados que buscan trabajo
  • Por los banqueros que han provocado esta crisis
  • Por el gobierno que ha conseguido que paguemos los de siempre
  • Por los sindicatos que no están donde tienen que estar
  • Por los parados que no buscan trabajo
  • Por los defraudadores que ingresan y no comparten
  • Por los empresarios que se están aprovechado de la situación
  • Por los trabajadores conformistas que lo han aceptado
  • Por algunos periodistas mentirosos y manipuladores
  • Por los corruptos que subastan su cargo público
  • Por los corruptores que compran políticos
  • Por los promotores inmobiliarios, para que se coman sus casas
  • Por los jueces que hacen política
  • Por los etarras, que sobran
  • Por las listas de espera en la sanidad pública
  • Por el libre intercambio de archivos en red
  • Por la edad de jubilación
  • Por aquellos funcionarios vagos que contribuyen a empeorar nuestra vida
  • Por ciertos alcaldes que han arruinado a sus ayuntamientos 
  • Por la optimización de la función pública
  • Por las tarifas planas y la velocidad real del ADSL
  • Por la paz real y la paz fingida 
  • Por mis vecinos que fuman en el ascensor
  • Por el miedo al miedo 
Y como Belén Esteban se presente a las elecciones y consiga un escaño, me hago apátrida...

[Actualización 29/09]: Pues al final parece que el seguimiento no ha sido tan escaso... hay que ver...

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martes, 18 de mayo de 2010

De garzones y fascistas

Estos días asisto con pasmo a todo lo que está ocurriendo alrededor del juez Garzón, y sus desventuras con cualquiera que tenga a bien denunciarle por algo. No salgo de mi asombro, y no entiendo cómo podemos permitir que pasen cosas así.

No entiendo nada de leyes, ni de justicias o injusticias; en general no me gustan las togas ni los rígidos procedimientos que veo (afotunadamente de lejos) en todo ese gremio. Creo que es la administración más anquilosada y atrasada (y no sólo por sus pertinaces retrasos) de todas las que nos sirven (sí, lo de que "nos sirven" es una ironía). No sé por qué sus órganos de gobierno, a pesar de ser un pilar de la democracia, no son elegidos directamente por sufragio universal (sí, vale, porque lo dice la Constitución)...

No entiendo cómo es posible que una organización reconocidamente fascista haya sido capaz de inhabilitar a uno de los jueces más renombrados y reputados que tenemos (sea de la ideología que sea). ¿Hemos perdido todos el juicio (en ambos sentidos)?

No entiendo cómo "señores jueces" del Tribunal Supremo, a los que se supone más que listos, sabios, que representan al escalafón más alto dentro de su profesión, la élite en lo suyo, se han dejado manipular de esa forma. O, peor aún, han sido tan ruines como para aprovechar cualquier excusa para deshacerse de un enemigo íntimo, simplemente por serlo.

No entiendo si Garzón ha cometido o no el delito que se le imputa. Un delito que se llama "prevaricación" debe ser, por definición, difícil de comprender para alguien no versado e ignorante de leyes como yo. Pero creo que la justicia, los jueces, deberían levantar de vez en cuando la cabeza y mirar... mirar el pasmo y el asombro, y la vergüenza ajena que están generando en la sociedad; mirar cómo son percibidos por los demás; mirar el daño que se están haciendo. Deberían ver claramente que, a pesar de sus tecnicismos, la sociedad está percibiendo que han permitido que unos fascistas hayan apartado a un juez que ha sido el azote de terroristas, narcotraficantes, dictadores y políticos corruptos (de todo signo) durante los últimos años.

No entiendo cómo hay quien se rasga las vestiduras cuando alguien critica cosas como ésta, cuando la gente se manifiesta en las calles para mostrar su desacuerdo con estas decisiones. ¿Es la justicia un poder sacrosanto, intocable? ¿Por qué podemos (y debemos) manifestarnos contra decisiones de los otros dos poderes democráticos y no contra éste? Creo que tanto el poder legislativo como el ejecutivo están comparativamente mucho más saneados, controlados y sujetos a la voluntad popular... lo que ya es decir, con la que está cayendo...

Señores del Tribunal Supremo: ¿no tienen nada más importante que hacer? ¿no hay otros delitos en los que enfocar su valiosísimo tiempo? ¿no hay violadores, maltratadores, estafadores, ladrones, asesinos a los que juzgar y perseguir? ¿consideran que están priorizando correctamente su labor para la sociedad que les paga?

Aquí hay algo raro... algo que apesta...

 

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