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domingo, 24 de abril de 2011

Cuatro meses sin humos

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Parece que fue ayer cuando entró en vigor la ley antitabaco v2 (la v1 fue ese intento de hace unos años que se quedó a medias), y ya han pasado casi cuatro meses. Cuatro meses sin humos.

Reconozco que aún me sorprendo cuando entro en un bar y puedo respirar sin fumar pasivamente; el café huele a café, el cruasán sabe a cruasán, y no al humo que los fumadores activos tienen a bien reciclar para mi... Porque, sí, aún siguen existiendo los bares y los restaurantes... Contrariamente a los malos augurios de los fumadores, la hostelería no ha desaparecido de la faz del país...

La gente (fumadores y no) sigue saliendo de cañas, a comer, a cenar... Es cierto que para los fumadores es un poco más difícil porque tienen que salirse a la calle entre plato y plato, pero para los no fumadores es notablemente más agradable. Tal vez haya fumadores que consuman menos, pero estoy seguro que se compensan con otros no fumadores que salen más... Por no hablar de que ahora puedes llevar a los niños a cualquier restaurante sin iniciarles en el tabaquismo.

Por otro lado, las terrazas han cobrado mucho más interés, incluso en invierno, con lo que hasta es posible que la medida haya contribuido (mínimamente) a la reducción del paro, al ser necesarios más camareros para atenderlas. Supongo que en verano, los sufridos no fumadores recuperaremos sensaciones casi olvidadas cada vez que nos sentemos en una terraza, pero la vida no iba a ser perfecta. Espero que algún gobierno, en un futuro no demasiado lejano, prepare una ley antitabaco v3 que también prohíba fumar en las terrazas...

Sé que hay lectores de este blog a los que no les gusta esta postura antitabaco... en realidad, no es tal, sino más bien "antitabaco-cuyo-humo-me-llega-a-mi". Es decir, que no estoy en contra de que la gente fume (allá cada cual), sino de que compartan su humo conmigo, que he decidido no fumar. De la misma forma que es de buena educación no estornudar o toser a la cara de otras personas, debe serlo no ahumarlas, y menos cuando están comiendo o hay niños delante. No se trata, en fin, de ser talibanes anti-nada, sino más bien de exigir respeto a los fumadores.

No tengo claro si la medida ha contribuido a que fumadores lo dejen. La verdad, me da lo mismo si el número de fumadores del país baja o no (más allá de no tener que pagar la factura sanitaria que generan las enfermedades demostradamente dependientes del fumeteo), siempre y cuando quienes hemos decidido no fumar tengamos un espacio en el que movernos sin que nos ahumen... sí, incluso en los bares y restaurantes.

Y también me da igual lo que opinen los propietarios de esos establecimientos. Son sitios públicos y como tales no tienen el derecho a decidir si dentro se fuma o no, de la misma forma que no tienen el derecho de impedir la entrada a personas de color, minusválidos o gays.

Ese respeto, que tanto reclaman últimamente los fumadores, llevamos muchos años reclamándolo los afectados por su humo con escaso resultado. He tenido que aguantar que me echaran el humo impunemente (a mi y a mis hijos pequeños) durante tanto tiempo que entenderán que no siento ningún tipo de empatía por ellos... Si hubieran sido más respetuosos hace tiempo, tal vez ahora no estarían así.


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miércoles, 4 de agosto de 2010

Prohibido (no) prohibir

Tengo la impresión de que cada vez que leo la prensa me encuentro con más críticas al hecho de que algún gobierno prohiba cosas. Parece cierto, lícito, entendible, que algunas de las cosas que se prohiban nos resulten más o menos adecuadas, o estemos más o menos de acuerdo con ellas... pero de ahí a retirar al gobierno (cualquier gobierno) la legitimidad para prohibirlas, hay un trecho... los dos ejemplos recientes en los que estoy pensando son la cuestión taurina catalana y la ley anti tabaco.

Lo curioso (bueno, más bien lo humano) es que muchas de las personas que ahora se levantan contra la capacidad del parlamento catalán para prohibir las corridas de toros o del gobierno para prohibir fumar en lugares públicos, no han tenido la misma energía para levantarse contra, por ejemplo, la prohibición de consumir alcohol en la calle (la "ley antibotellón"), o cuando se ha retirado la prohibición del aborto, por ejemplo. Claro, con una están en desacuerdo, pero con las otras no... curioso (humano).

Desde mi punto de vista, un gobierno (cualquier gobierno) o un parlamento (cualquier parlamento) tienen la legitimidad de prohibir (o "desprohibir") aquellas cosas que le permitan las normas de nuestro estado; a eso yo le llamo "gobernar" (también se le podría decir "hacer su trabajo"). Si nuestro marco legal le permite al parlamento catalán establecer el debate, ejecutar la votación y prohibir las corridas de toros en su territorio, creo que tienen toda la legitimidad para hacerlo. Esa y cualquier otra prohibición que consideren mayoritaria y legalmente adecuado imponer o levantar. Podemos quejarnos, podemos manifestarnos, podemos no estar de acuerdo... pero le hemos dado a ese órgano de gobierno la capacidad de hacerlo.

Y que conste que, aunque me considero antitaurino, no estoy especialmente de acuerdo con esta prohibición; creo que el arraigo de los toros en cataluña es tan bajo, que, a poco que se hubieran "desincentivado", se habrían apagado solos, igual que ocurre en otras comunidades sin tradición taurina. Pero leer las cosas que estamos leyendo últimamente, como que este tipo de prohibiciones restringen el estado de derecho, que son dictatoriales, que excluyen a las minorías, que van contra la cultura... son, además de pura demagogia, estupideces.

Claro que, si vamos a poner en tela de juicio la capacidad de nuestros gobiernos para prohibir cosas, propongo que empecemos por otras, quizá más, digamos, "populares":
  • Quitemos la obligación de utilizar el cinturón de seguridad en el coche.
  • Anulemos la prohibición de las drogas.
  • ¿Por qué prohibir el baño con bandera roja en las playas?
  • Nada de prohibir el alcohol a los menores.
  • No prohibamos subir en moto sin casco.
Todos estos (absurdos) ejemplos se corresponden con cosas que algún día estuvieron permitidas (es decir, constituyeron una libertad individual), y que hoy en día nos parecen completamente inasumibles. Creo que con los toros o el "fumeteo" en público algún día ocurrirá lo mismo... todos recordaremos con tristeza (o extrañeza) aquellos tiempos en que algunos se dedicaban a aplaudir a unos señores ridículamente vestidos que torturaban a un animal en público (eso sí, con mucho arte), mientras ahumaban a otro señor sentado a su lado.

Espero que nuestros gobiernos afronten los retos que les va imponiendo la sociedad tal y como han hecho en este caso; con algunos de ellos estaremos de acuerdo, y con otros no. Pero, en mi opinión, siempre que nos mantengamos dentro del marco legal actual, más que hablar de "legitimidad" de los políticos, deberíamos hablar de "obligación".

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lunes, 31 de mayo de 2010

¿Por qué siguen fumando?

Empezaré diciendo que ni fumo ni he fumado nunca. No soy, pues, sospechoso de "ex-fumador talibán"... aunque mi postura respecto al tabaco es bastante negativa.

Me parece bien, respeto, que cada cual haga con su cuerpo lo que mejor le parezca. Me parece bien que se exija a los demás que respeten nuestra libertad individual para hacer con nuestro cuerpo lo que mejor nos parezca. Pero, ojo, con dos matices:
  1. La libertad conlleva la responsabilidad de asumir las consecuencias de nuestros actos.
  2. Mi libertad termina donde comienza la de los demás.
El primer punto me lleva a la siguiente pregunta: ¿por qué tengo que asumir yo, que ni fumo, ni he fumado, ni fumaré, parte de los costes sanitarios que, de manera indiscutible, se están generando por culpa del tabaco? Si los fumadores tienen libertad para causarse esos daños, también deben tener la responsabilidad de asumir los costes que su curación generen. Es cierto que el tabaco está gravado con unos impuestos bastante altos, y estos impuestos seguro que sirven, entre otras cosas, para pagar la sanidad... también es cierto que hay empresas públicas que hacen negocio con el tabaco... pero alguna cuenta no debe de estar cuadrando, cuando desde el Gobierno se está tratando de reducir por todos los medios el tabaquismo; yo diría, sin haber visto los números, que los ingresos no deben de estar compensando los gastos.

El segundo punto implica que los fumadores deben saber que, al fumar en un sitio más o menos cerrado, están molestando a los no fumadores. Nos molestan cuando nos llega el humo, y nos molesta el desagradable olor que dejan durante un rato después. Señores fumadores, ¿les gustaría que alguien les tosiera o les estornudara a la cara mientras cenan? Pues viene a ser lo mismo... A mi, personalmente, no me molesta que la gente fume en el exterior... pero en un sitio cerrado, sí, francamente.

No me considero una persona fanática de la salud, ni especialmente intolerante con las actitudes de los demás. No estoy a favor de la prohibición del tabaco. Pero sí creo que debe protegerse a quienes queremos disfrutar de una cena o unas copas sin humo... y que este "derecho" debe estar por encima del derecho a fumar en cualquier sitio. Tampoco creo que si se prohibiera fumar en recintos cerrados esto fuera a perjudicar a los hosteleros; la gente continuaría saliendo a cenar y a los bares... solo que saldrían a fumar afuera, fumarían antes o después, o, directamente, dejarían de fumar. Sería más incómodo para los fumadores, sin duda, pero sería mucho más cómodo para los demás.

Como resumen yo diría que quien quiera fumar debe tener el derecho a hacerlo, pero quien quiera no fumar, también debe tener el derecho a no hacerlo.

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