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viernes, 29 de abril de 2011

Madrid y Barsa hasta en la sopa

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Hay ocasiones en que los tópicos son, más que adecuados, imprescindibles. Hay ocasiones en que lo evidente lo es tanto que abruma. Hay ocasiones en que no se puede escapar de hablar (o escribir) de aquello de lo que todo el mundo habla (o escribe). Hablar del fútbol como moderno opio de nuestro pueblo, como anestésico social, es un topicazo, sin duda. Pero hay ocasiones en que merece la pena pensar un poco en ello...

Porque lo fácil es creer que esta serie insoportable de "partidos del siglo" que nos está tocando vivir no es más que una conspiración de nuestros dirigentes para que nos olvidemos de nuestros problemas diarios: el paro, la hipoteca, los bancos, la corrupción, el jefe... Tal vez lo difícil sea reconocer hasta qué punto estamos predispuestos a ello... deseándolo, diría yo.

Y cada vez que aparece un acontecimiento lúdico - festivo - deportivo nos abrazamos a él como náufragos, ansiosos de tierra firme en la que descansar del mareo diario. Es lo que tiene la carencia de valores, cada vez más patente, más exagerada, de ésta nuestra sociedad... tan modernos, nosotros.

Personalmente, creo que esta vez nos hemos pasado, y la dosis de opio nos está resultando un tanto excesiva, rozando la sobredosis. Está comenzando a convertirse en otro problema diario más, en otro foco de conflictos. Las discusiones sobre el tema son, además de demasiado frecuentes, excesivas en la forma... rozando ya el tono habitual en la política. La olla tiene ya tanta presión que con poco se desborda.

Veo en la tele del bar donde cada día desayunamos los especiales de todas las cadenas sobre la boda en la familia real inglesa... y pienso que tal vez nos estamos pasando... ¿no se nos habrá ido un poco la olla? ¿no tendremos ya un problema de adicción al opio social éste? Vale que la tasa de morosidad de las cajas de ahorros no sea un tema como para acompañar el desayuno pero, ¿una boda en la familia real inglesa en todas las cadenas?

Un día de estos nos despertaremos de esta especie de sopor en que nos hemos sumido a nosotros mismos (como el oso que hiberna esperando el fin del invierno) y volveremos a vivir, y a pelear, y a cambiar lo que no nos gusta del sitio donde vivimos... como ya hicimos antes muchas veces. Nos olvidaremos del fútbol, del cotilleo y volveremos al rock'n roll, de donde nunca debimos haber salido... que puestos a relajarnos, digo yo que casi mejor un poco de Springsteen o Rosendo que una sarta de futbolistas anodinos hablando como robots.

Mourinho y Guardiola, hasta en la sopa. Zapatero y Rajoy hasta en la sopa. Guillermo de Inglaterra hasta en la sopa. Bancos y constructores hasta en la sopa. Y ya estoy harto de tanta sopa...


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miércoles, 27 de abril de 2011

¿Se merecen los jueces nuestro respeto?

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Opino que todas las personas, en tanto que personas, merecen el respeto de sus semejantes... el respeto personal, claro. Pero otra cosa es el respeto profesional, reconocimiento al trabajo bien hecho, a la dedicación.

Antes de comenzar enfatizaré el hecho de que no soy, ni de lejos, experto o ni siquiera conocedor avanzado de los temas judiciales. No manejo la jerga ni conozco sus entresijos. De hecho, intento, como todos los ciudadanos de bien, mantenerme lo más apartado posible de abogados, jueces y similares. Encontraréis, por tanto, incorrecciones en este post, por lo que quiero recordar una vez más que no se trata de una exposición técnica o experta, sino simplemente el reflejo de lo que los ciudadanos de a pie vemos en ese gran ente llamado "justicia".

Con los jueces ocurre que oímos continuamente a periodistas, a políticos (en general, personas que no se distinguen precisamente por su respetuosa forma de ser) que hay que respetar las decisiones judiciales... nos  gusten o no, debemos respetarlas aunque no las compartamos. Y yo me pregunto ¿por qué?

¿Acaso son los jueces/zas seres inhumanos, por encima del bien y del mal? ¿Acaso son infalibles? ¿Acaso nos demuestran todos los días que son un ejemplo para nosotros? Yo creo que no...

Creo que casos como el reciente del etarra Troitiño, fugado por un error judicial, o la guerra interna en la que se ha visto envuelto Garzón, no son más que un ejemplo de jueces incompetentes, empecinados en interpretaciones de la ley alejadas de la realidad social (del vulgo para ellos). Delincuentes reincidentes porque a algún juez se le olvida tramitar la orden pertinente, interpretaciones legales totalmente injustas (o igual debo decir "inadecuadas") y fuera de la ley son el pan nuestro de cada telediario.

Por supuesto, habrá un alto porcentaje de jueces competentes y dedicados a su trabajo, una mayoría silenciosa. Pero esa mayoría está pecando por no aislar o incluso castigar clara y públicamente a estos jueces díscolos o, simplemente, incompetentes. Apartar a las manzanas podridas del cesto debería ser interpretado como un acto de limpieza, de transparencia, y no como una auto agresión.

Y es que el corporativismo de este colectivo (sólo comparable al de los médicos) está reñido sólo con su evidente politización. Sólo debemos recordar el tiempo que algunos tribunales están en situación "alegal", con jueces con su período de servicio ya vencido, pero que no pueden ser renovados por falta de consenso entre los grupos políticos. La sensación que percibimos las personas de "a pie" es un claro incumplimiento de la Constitución, en aquello de la separación de poderes.

Pero cuando reciben críticas siempre acabamos en el mismo sitio: la justicia está saturada, la justicia es lenta, no tienen recursos... Y todos tenemos en la cabeza las pilas de papeles amontonadas por las esquinas de los juzgados. ¿Pero es que esta gente no conoce los portátiles? ¿Y los discos duros en red? ¿Y los certificados digitales? ¿Alguno se imagina una gran empresa de hoy en día en la que todo tenga que ser impreso y archivado en papel? ¿Por qué esta gente sigue empeñada en no salir de los años 50? Si aun siguen así no creo que puedan echarle la culpa a nadie que no sean ellos mismos: sus papeles no son más delicados o confidenciales que mi historial médico, y éste hace tiempo que está digitalizado... querer es poder, amigos jueces. Si se concentran en hacer más eficiente su gestión, serán necesarios menos recursos y por tanto podrán dar un mejor servicio a la sociedad que, no lo olviden, les paga.

Yo no confío en la justicia. Creo que todos los días conocemos casos, públicos o no, de injusticias cometidas en los tribunales. Creo que es un sumidero de dinero y de paciencia que no deberíamos continuar tolerando; también creo que ésta es, con diferencia, la administración pública más anticuada e ineficiente de todas cuantas tenemos que sufrir. Algún día tendremos que poner en su sitio a "sus señorías".


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domingo, 24 de abril de 2011

Cuatro meses sin humos

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Parece que fue ayer cuando entró en vigor la ley antitabaco v2 (la v1 fue ese intento de hace unos años que se quedó a medias), y ya han pasado casi cuatro meses. Cuatro meses sin humos.

Reconozco que aún me sorprendo cuando entro en un bar y puedo respirar sin fumar pasivamente; el café huele a café, el cruasán sabe a cruasán, y no al humo que los fumadores activos tienen a bien reciclar para mi... Porque, sí, aún siguen existiendo los bares y los restaurantes... Contrariamente a los malos augurios de los fumadores, la hostelería no ha desaparecido de la faz del país...

La gente (fumadores y no) sigue saliendo de cañas, a comer, a cenar... Es cierto que para los fumadores es un poco más difícil porque tienen que salirse a la calle entre plato y plato, pero para los no fumadores es notablemente más agradable. Tal vez haya fumadores que consuman menos, pero estoy seguro que se compensan con otros no fumadores que salen más... Por no hablar de que ahora puedes llevar a los niños a cualquier restaurante sin iniciarles en el tabaquismo.

Por otro lado, las terrazas han cobrado mucho más interés, incluso en invierno, con lo que hasta es posible que la medida haya contribuido (mínimamente) a la reducción del paro, al ser necesarios más camareros para atenderlas. Supongo que en verano, los sufridos no fumadores recuperaremos sensaciones casi olvidadas cada vez que nos sentemos en una terraza, pero la vida no iba a ser perfecta. Espero que algún gobierno, en un futuro no demasiado lejano, prepare una ley antitabaco v3 que también prohíba fumar en las terrazas...

Sé que hay lectores de este blog a los que no les gusta esta postura antitabaco... en realidad, no es tal, sino más bien "antitabaco-cuyo-humo-me-llega-a-mi". Es decir, que no estoy en contra de que la gente fume (allá cada cual), sino de que compartan su humo conmigo, que he decidido no fumar. De la misma forma que es de buena educación no estornudar o toser a la cara de otras personas, debe serlo no ahumarlas, y menos cuando están comiendo o hay niños delante. No se trata, en fin, de ser talibanes anti-nada, sino más bien de exigir respeto a los fumadores.

No tengo claro si la medida ha contribuido a que fumadores lo dejen. La verdad, me da lo mismo si el número de fumadores del país baja o no (más allá de no tener que pagar la factura sanitaria que generan las enfermedades demostradamente dependientes del fumeteo), siempre y cuando quienes hemos decidido no fumar tengamos un espacio en el que movernos sin que nos ahumen... sí, incluso en los bares y restaurantes.

Y también me da igual lo que opinen los propietarios de esos establecimientos. Son sitios públicos y como tales no tienen el derecho a decidir si dentro se fuma o no, de la misma forma que no tienen el derecho de impedir la entrada a personas de color, minusválidos o gays.

Ese respeto, que tanto reclaman últimamente los fumadores, llevamos muchos años reclamándolo los afectados por su humo con escaso resultado. He tenido que aguantar que me echaran el humo impunemente (a mi y a mis hijos pequeños) durante tanto tiempo que entenderán que no siento ningún tipo de empatía por ellos... Si hubieran sido más respetuosos hace tiempo, tal vez ahora no estarían así.


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