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jueves, 9 de septiembre de 2010

De dinosaurios y otras bestias

Acabo de leer una noticia sobre el descubrimiento en Cuenca de los restos de un dinosaurio perteneciente a una especie hasta ahora desconocida, con más de 125 millones de años de antiguedad, y me ha traído a la mente la duda de si realmente se han extinguido los dinosaurios. Porque no me podéis negar que día a día aparecen por nuestra vida "dinosaurios", de distintas especies...

Uno de los mayores (y más antiguos) dinosaurios que tenemos en el mundo es aquel al que llamamos Fidel Castro. De una especie claramente en extinción, reina en su isla misteriosa desde hace tantos años que ya nadie se acuerda del mundo sin él. Parece que últimamente ha estado pensando seriamente en extinguirse, pero no tengo claro que lo tenga claro. Aunque parece que cada vez muerde menos (es carnívoro), debería considerar seriamente retirarse a algún zoo y dejar su isla a otros seres más evolucionados.

Otro dinosaurio carnívoro que aparenta provenir de una era muy, pero que muy anterior es ese ser llamado Admadineyah (no sé si he escrito bien su nombre pero, francamente, me importa un bledo) que también sobrevive en un territorio aislado en mitad del mundo. Más hambriento (de penurias) y sediento (de problemas) que el anterior, también más joven (física, que no mentalmente), siembra el terror en sus dominios con la ayuda de especies inferiores pero afines.

Hay una especie entera, llamada Microsoft, anclada también en constumbres y husos antediluvianos, que parece que continúa habitando este nuestro planeta. Si bien sigue teniendo muchos miembros, su dominio del medio para el que fue creada cada vez es menor, y su territorio se reduce día a día por la acción de otras especies mejor adaptadas y evolucionadas (Google, Apple e incluso la raza de seres libres llamada Linux).

Afortunadamente están en proceso de extinción los (esperemos) últimos diplodocus que se hicieron famosos por habitar durante unos días en las Azores (Ansar, Bush y Bleeeer). Estos tres seres generaron graves problemas en el mundo debido a su agresividad frente a otras razas y modos de vida diferentes. Fueron carnívoros, cazaron, pero ahora han tenido que volver a las sopitas...

Y hay otro más, aparentemente más inofensivo (suele ser hervíboro, aunque ha tenido épocas mucho peores), pero que domina aún un gran territorio. Aunque su nombre era otro, últimamente se hace llamar Benedicto XVI, y no debemos dejarnos engañar por su aspecto tranquilo... las mata callando. Es el último representante de una serie de dinosaurios cada vez más decrépitos, que basan su fuerza en la manipulación mental de los demás seres vivos. Si le ves venir, sal corriendo o será demasiado tarde...

Tenemos que andar con cuidado, porque parece que aquel meteorito no hizo del todo bien su trabajo...

PD: Parece que han encontrado restos de otro dinosaurio, éste sí afortunadamente extinguido del todo, en el Valle de los Caídos.

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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Harto de: autopremios (en el cine, la música...)

En plena Mostra de Venecia, y habiendo leído alguno de los demoledores artículos de Boyero al respecto, acabo de recordar lo harto que estoy de ver cómo mes sí, mes también, los artistas más artistas del mundo se dedican a concederse premios los unos a los otros (bueno, casi siempre los unos a los mismos), sin el menor empacho ni vergüenza.

Claro, entendámoslo... los pobrecitos artistas son seres con el ego tan débil, tan alicaídos, tan abandonados, con una vida tan aburrida y triste, que necesitan darse algún "homenajillo" de vez en cuando para aliviarse un poco de tanta desolación. Y, ni cortos ni perezosos, ahí se juntan todos, cargaditos de joyas, de ropa hipercara, de gafas "megafashion" para dejarse ver, aplaudirse unos a otros y enseñarnos al resto de pobres mortales lo bien que viven.

Y es que no conozco a profesionales más adictos a recibir halagos que los actores, músicos y escritores. A cualquiera de nosotros nos llega (tiene que llegarnos) con recibir el pago por nuestro trabajo y alguna que otra palmadita en la espalda (discreta y escasa, generalmente) de nuestro jefe. A ellos, no... ellos necesitan sentirse queridos por ellos mismos; necesitan el reconocimiento explícito y público de sus compañeros (que no siempre amigos) y sus fans... Y así, se inventan concursos sobre algo que es lo más alejado posible de la competición (por subjetivo, probablemente), como es la creación cultural; y así, aparecen engendros como los festivales de cine, los Oscar, los Grammy, etc.

¿Surje todo este sarcasmo que estoy destilando de la envidia? Sí, de la más ruin y desgraciada envidia. Está claro que cualquiera de nosotros, al menos a priori, se cambiaría por cualquiera de ellos. Y digo "a priori" porque, a poco que escarbemos, encontramos que, en general y salvo honrosas excepciones, suelen llevar una vida personal bastante desgraciada. Todos conocemos muchas historias en ese mundillo de parejas de promoción, matrimonios fracasados, adicciones varias, cárcel... así que seguramente no sea oro todo lo que reluzca. En cualquier caso, unos días en Venecia, a cuerpo de rey, respondiendo las mismas preguntas a la prensa una y otra vez, no parece un trabajo excesivamente duro, ¿no?

Por cierto, ¿alguien ha llegado a entender por qué los premios normalmente recaen en películas con una recaudación por debajo de lo esperado? ¿No será que se atiende más a las necesidades de promoción que al valor real de la película? ¿No será todo esto, en definitiva, una gran tomadura de pelo?

Pobrecitos artistas ricos... démosles cariño, que se nos deprimen...

PD: En un ejemplo de la más absoluta incoherencia, y haciendo gala de la envidia que mencionaba antes, acabo de incluir un banner para que podáis votar este blog en los premios Bitácoras 2010 (justo ahí a la izquierda)... ¡¡yo también quiero!!

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